Pedazos de ambientación: Los Dalish

“Cuando llegue el momento, los imperios humano se derrumbarán. Lo hemos visto en innumerables ocasiones. Hasta entonces, esperamos, nos mantenemos en la fronteras salvajes, nos elevamos y fabricamos caravanas para no ser más que un objetivo móvil para los humanos. Intentamos vivir bajo las maneras antiguas, intentamos volver a aprender lo que olvidamos”. Gisharel, Guardián del Clan Ralaferin.

La fundación de los Dales

Durante las centurias de esclavitud soportadas tras la pérdida de la antigua civilización de Elvhenan a manos del imperio de Tevinter, los elfos perdieron la mayor parte de su lenguaje, historia y conocimiento. Sin embargo, cuando Andraste y su marido Maferath comandaron su ejécrito Alamarri contra Tevinter en 1020 TE, los elfos esclavos liderados por Shartan se unieron para luchar contra sus antiguos maestros.

Shartan fue ejecutado cuando sus aliados de Tevinter la traicionaron, pero en 1025 TE, los hijos de Maferath y Andraste cedieron a los elfos los Dales como recomensa por su participación en la guerra. En aquellos tiempos, los Dales se situaban en la mismísima frontera con el territorio de Tevinter y solo estaban poblados por las gentes de Ciriane al oeste y los bárbaros del valle de Fereldan al otro lado de las Montañas de la Espalda Helada. Los elfos libres llegaron a su nuevo hogar desde Tevinter en lo que se conoció como “La larga marcha”. Muchos perecieron por el camino, pero aquellos que sobrevivieron fundaron la ciudad de Halamshiral (“El fin del camino”, en élfico). Se unieron a los elfos de todo Thedas y comenzaron la tarea de restaurar su lenguaje, su religión y sus conocimientos.

La caída de los Dales

A lo largo de los años, los ciudadanos de los Dales se fueron volviendo cada vez más aislacionistas, quizás por el hecho de que habían aprendido a desconfiar de los humanos, o tal vez porque pensaban porque así recuperarían la inmortalidad de la que se hablaba en las leyendas. Algunos misioneros de la Capilla fueron expulsados de malas maneras por un puebloq ue buscaba restablecer la antigua religión élfica, y muchos historiadores sostienen que los elfos rechazaron el comercio con sus vecinos, estableciendo Caballeros Esmeralda en las fronteras para impedir el paso a los visitantes.

En su intento por recuperar la antigua gloria de Elvhenan, los elfos se separaron de sus vecinos humanos. Durante la Segunda Ruina, que duró casi toda la Edad Divina, los elfos de los Dales permanecieron neutrales. Cuando lal ciudad de Montsimmard fue casi destruida por los engendros tenebrosos en 1:25 Divina, hubo testigos que afirmaron que las fuerzas élficas se limitaron a mirar lo que ocurría. Tal vez por estas razones durante el final de la Ruina se incrementó la hostilidad entre humanos y elfos. Según los registros humanos, las trifulcas escalaron hasta la guerra después de que los ejércitos élficos atacaran la ciudad de Cruces Rojos en 2:9 Gloria. Sin embargo, también hay razones para sospechar de la Capilla, que se oponía a la adoración del panteón élfico y podría haber incitiado el miedo y odio hacia los elfos incitando rumores sobre sacrifios humanos. Los Dalish sostienenq ue la guerra empezó después de que la Capilla enviara templarios en su territorio soberano después de que los elfos expulsaran a sus misioneros de los Dales.

Registros escritos de Din’an Hanin, la tumba de los Caballeros Esmeraldas, sostienen que hay parte de razón en ambos planteamientos. A pesar de la hostilidad manifiesta entre elfos y humanos un Caballero Esmeralda, de nombre Elandrin, se enaroó de una muchacha de Cruces Rojos, y se casó con ela. El resto de elfos, malinterpretando la naturaleza de su relación y entendiendo que estaba basada en la lascivia, exigieron que Elandrin volviera. No tuvieron éxito. Así que una noche un grupo de Caballeros Esmeralda fue a la ciudad para convencer a Elandrin, o llevarle ante la justicia de los elfos. Cuando los Caballeros Esmeralda capturaron a Elandrin una mujer corrió hacia ellos. Entendiendo esto como un ataque, un Caballero Esmeralda lanzó una flecha contra la mujer de Elandrin, asesinándola. Los del pueblo escucharon el grito de la mujer y se enfrentaron a los elfos, que los masacraron. Con eso comenzó la guerra entre los elfos y los humanos. Para el 2:10 Gloria, las fuerzas élficas habín capturado Montsimmard y estaban a las puertaws de Val Royeaux.

En ese momento la Capilla llamó a la Guerra Santa contra los elfos, lo que se conoció como la Marcha Exaltada de los Dales. Mientras los elfos eran expulsados de Val Royeaux, Halamshiral fue conquistada y los elfos quedaron aplastados en el 2:20 Gloria. Los Dales fueron conquistados por los Orelasianos, que destruyeron los asentamientos élficos y prohibieron la adoración a los dioeses élficos. Los elfos que aceptaron la tregua de la Capilla tuvieron que aceptar al Hacedor y vivir en guetos, conocidos como elferías, dentro de los asentamientos humanos. Algunos elfos sin embargo decidieron no acatar las leyes humanas. Se convirtieron en Dalish, manteniendo el nombre de su segunda tierra natal y jurando mantener el lenguaje élfico, los antiguos conocimientos y su religión.

Filosofía

Muchos Dalish viven bajo el credo de la diosa de la caza Aldruil, conocido como Vir Tanadhal, que significa el “Camino de los Tres Árboles”, o “Los Caminos del Cazador”. Está compuesto por tres partes, enseñadas por la misma Andruil, y son:

– Vir Assan (“El Camino de la Flecha”). Vuela recto y no dudes. “Sé rápido y silencioso”, nos enseña Andruil, “Golpea certero; no dudes. Y no dejes que tu presa sufra”.

– Vir Bor’Assan (“El Camino del Arco”). Cede pero nunca te rompas. “Como se mecen los árboles, así harás tú .”, nos enseña Andruil, “Al ceder descubrirás la resistencia. En la flexibilidad encontrás la fuerza”.

– Vir Adahlen (“El camino del Bosque” o “El Camino de la Madera”). Juntos somos más fuertes que en solitario. “Recibe los regalos de la casa como merecen. Respeta el sacrificio de mis hijos. Su muerte les nutrirá cuando llegue el momento”.

Las tres partes de su filosofía se unen en una especie de mantra, que los Dalish tienden a finalizar con una frase. “Somos los últimos elvhenan, y nunca volveremos a someternos”.

Unos cuantos siguen un camino diferente, el credo de Sylaise llamado Vir Atish’am, “El Camino de la Paz”. Los Dalish que siguen ese camino aprenden las artes de la curación y la recuperación.

Cuando un elfo Dalish muere, su clan le enterrará y plantará un árbol sobre sus restos.

Relaciones

Los Dalish y los elfos de ciudad tienen una relación extraña que comienza con la caída de Dales. Los Dalish tienden a ver con suspicacia a los elfos de ciudad, a los que llaman “Orejas planas”, o lo que es lo mismo, “humanos con piel de elfo” que son “poco mejor que sus maestros”. Para un Dalish, los elfos de ciudad han vivido tanto tiempo entre humanos que olvidaron su cultura y la necesitgarán cuando el nuevo hogar sea fundado.

Por otra parte los elfos de ciudad ven a los Dalish casi como un mito: elfos salvajes de los bosques que viven lejos de los humanos. Elfos primitivos que rechazan la promesa de coexistencia y viven donde los elfos de ciudad no podrían. Curiosamente, los elfos que salen de la elfería también son denominados como “orejas planas” por los elfos de ciudad y suelen estar mal vistos.

Sin embargo, los elfos de ciudad y los Dalish se llevan bien. Para los elfos de la elfería que quieren escapar de la desesperación, la pobreza o el abuso, los dalish son como una última esperanza. Los Dalish están dispuestos a acoger a los refugados de la ciudad y a entrenarlos en los caminos de los Creadores y la cultura elfa. De igual forma, las Elferíasacogerán a los Dalish que han llegado a ella, ya sea voluntaria o involuntariamente.

Organización

Viven en clanes. Sus Líderes son los Guardianes, ancianos que se encargan de mantener las tradiciones. El Primero de un clan es un mago aprendiz que aprende de su Guardián, estudia historia y magia y procura mantener el conocimiento de los elfos.

Viajan por los caminos más remotos de Thedas en caravanas cubiertas llamadas Aravel. Son caravanas con grandes velas triangulares en lo alto y aparatos parecidos a timones en la parte posterior.

Los clanes Dalish pueden ser muy diferentes unos a otros. Algunos clanes viven bien entre humanos e incluso acampan fuera de los asentamientos por grandes períodos de tiempo. Otros son más infames y viven del robo, escondiéndose como guerrillas en las montañas.

Los Dalish rara vez se unen para portegerse; su diáspora se ve más como una seguridad que como una maldición. Como los clanes no tienen relación, si en algún momento un clan es capturado, no podrá dar información sobre el resto de los clanes. Sin embargo una vez en cada década los clanes se reunen en la llamada Arlathvhen, y sus Guardianes, ancianos que lideran los clanes y mantienen el conocimiento y la magia élfica viva, intercambian conocimientos.

Durante esta reunión los clanes recuperarán y guardarán cualquier conocimientos que hayan reaprendido desde su última reunión. También repetirán el conocimiento ya adquirido para mantener las tradiciones tan precisas y vivas como sea posible. Durante este tiempo, los clanes intercambiarán reliquias originadas en las dos naciones élficas para salvaguardarlas. Los Dalish creen que todas las reliquias preservadas de los Dales y Arlathan pertenecen a todos los Dalish; más aún, estos intercambios no solo afectan a las reliquias sino también a los dalish con talentos especiales.

Recursos

Los elfos Dalish son conocidos por ser la única raza capaces de forjar la Corteza de Hierro, una sustancia única más fuerte y ligera que el acero, usada para hacer sus armas y algunas piezas de vestir, como amuletos. Estos, unido a los cuernos allados de Halla, son muy valorados y actualmente comerciados con los humanos por cosas que ellos mismos no pueden crear como metales para sus armas.

Cuando los dalish se relacionan, pueden invocar el Vir Sulevanin, un trato por el que un elfo completará una tarea por otro elfo a cambio de algo valioso, como un objeto de clan. Esto es como un contrato de obligación, en el que ninguna de las dos partes pueden negarse ni obrar a mala fe.

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